Los periodistas a veces pecamos de narcisos. Nos olvidamos de dónde venímos. Basta una cámara, un micrófono o una computadora para creernos superiores. Está justificado, estamos en una situación de poder respecto al resto de la sociedad, porque tenemos a la realidad de los pantalones. Pero más que un privilegio, es una responsabilidad.
Ser periodista implica la misma responsabilidad que portar un arma. Quizás estemos habilitados para hacerlo, tengamos la práctica necesaria para manejarla. Inclusive, hasta tengamos experiencia en su uso.
Pero a medida que pasa el tiempo, la responsabilidad es mayor. Y no es precisamente este valor el que se ve en los medios de comunicación, tanto monopólicos como comunitarios. Lamentablemente, la profesión se menosprecia por estos pseudo comunicadores que vuelan demasiado alto. Si, las ratas también viajan en avión.
¿De dónde saliste? Del pueblo, del barrio, de la ciudad. El único mesías que pisó la Tierrea no era periodista. Cuando no eras nadie, eras más simple. ¿Qué te pasó? ¿Hacia dónde vas? Hacer periodismo es pensar en el otro, es un servicio a la comunidad. No hay periodistas malos o buenos, sino profesionales o mediocres.
De qué lado nos ponemos define la forma en que pensamos, decimos y hacemos. Algo que va más allá de lo político e ideológico. De lo partidario. Parece que la academia abre una brecha entre lo real y lo verdad. Entre lo que fuimos y seremos.
¿Por qué no replantearse el rol del periodismo? Podemos construir otra cosa. No es difícil. No es fácil.
Vamos a intentarlo.
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